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El jueves pasado —luego que el Presidente anunciara su controvertida «gestión» con la empresa Suez para cambiar la ubicación de la termoeléctrica cercana a Punta de Choros— se generó uno de los episodios más difíciles al interior del Gobierno: la intención de presentar su renuncia de la ministra de Medio Ambiente, María Ignacia Benítez. El tema encendió las alertas de La Moneda, donde el equipo político estaba en conocimiento de lo ocurrido, y se gatillaron intensas gestiones del titular de la Segpres, Cristián Larroulet, y de la vocera Ena von Baer. Las réplicas llegaron también a la UDI, donde quien encabezó las gestiones para «frenar» su salida fue el timonel Juan Antonio Coloma.
Quienes conocen a fondo lo ocurrido, aseguran que la ministra —igual que algunos dirigentes de la Alianza— habían advertido en las más altas fuentes de gobierno las consecuencias que tendría la aprobación de la central, por ser un tema que generaba una dura oposición no sólo entre ambientalistas, sino también en sectores de élite que cruzaban transversalmente al arco iris político. Por eso, cuando llegaron al consejo de gabinete del miércoles —después de la protesta de la tarde anterior en el centro de Santiago y de la verdadera "explosión" que generó el caso en las redes sociales como Twitter— varios secretarios de Estado pensaban que había que encontrar una solución alternativa... pero "por la vía institucional". Incluso, en el consejo hablaron este tema Larroulet y Benítez. Pero los planes del Presidente Piñera iban por otro camino: en la noche, en la comida que le ofreció en su casa al gobernador de Buenos Aires, Mauricio Macri —a la que paradójicamente asistió Andrés Benítez, hermano de la ministra—, el Mandatario comunicó en privado, y por separado, a los ministros Hinzpeter y Larroulet su decisión de tomar cartas personalmente en el asunto.
Así, cuando el jueves en la mañana se conoció la gestión de Piñera con Suez y la decisión de que la central no se haría en el lugar original, el tema golpeó fuerte a la ministra Benítez. Estaba "incómoda, golpeada", aseguran, y se contactó al menos con dos de sus pares del gabinete —Larroulet y Von Baer—para contarles su idea de dejar la cartera de Medio Ambiente. Ahí comenzó una intensa red de gestiones, a la que se sumó el timonel UDI, Juan Antonio Coloma, tras ser alertado telefónicamente por la vocera de la situación. Entre los consultados por Benítez está el senador UDI Pablo Longueira, de quien es cercana pues trabajaron juntos en la nueva institucionalidad medioambiental durante el gobierno de Bachelet. A quienes hablaron con ella ese día, la ministra les dijo que consideraba "grave" lo ocurrido, que principalmente la tenía preocupada su equipo "por el trabajo que hemos hecho" y el "daño a la institucionalidad". Durante el jueves los teléfonos —especialmente el de Larroulet, quien se coordinó especialmente en el tema con Hinzpeter— no pararon de sonar.
Al caer la tarde, aseguran, la salida de Benítez —que fue con Piñera el domingo a Punta de Choros— estaba "desactivada". Y destacan tres puntos que la hicieron tomar la decisión de quedarse, "lo que habla muy bien de ella", opinan en La Moneda y en los partidos. Lo primero es que sintió que —pese a lo ocurrido— su trabajo y el de su equipo es "altamente valorado" en el Ejecutivo. Segundo, que hubiera en medio del episodio una mirada "institucional", en la cual Benítez fue consultada, con el objetivo de perfeccionar la normativa vigente para regular "vacíos", de manera que no puedan haber termoeléctricas en sitios como Punta de Choros. Y tercero, destacan, fue «clave» el planteamiento —hecho por el Presidente ante el comité político y la Enape, y por Larroulet en distintos medios— de que esta intervención era de carácter "excepcional".
Ministra Benitez |