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Felipe Pardo Ortega Lagunillas, Coquimbo
Cuesta imaginar al sector de Lagunillas como una reserva natural que albergase a cientos de especies y proveyese de agua a vastas plantaciones de papas, cebollas y maíz. Cuesta, porque al verla hoy se asemeja más una extensión de las agrietadas tierras del secano que apenas sobreviven al avance de la desertificación. Aquel que de vez en cuando pone en jaque a la región y posibilita salvatajes fiscales.
Pero créase o no, hace tres décadas la cuenca Lagunillas brillaba con un verdor que se asemejaría a Pan de Azúcar y con una fuente natural de agua dulce que descendía por los senderos hasta abastecer un humedal que hospedaba cisnes de cuello negro, gansos y garzas.
Prueba de ello es que la Sociedad Agrícola Lagunillas S.A., propietaria de las 10 mil hectáreas, era una de las empresas más prósperas en la producción de cereales, tubérculos y hortalizas. Tanto así que en el predio había 40 personas trabajando directamente y sacaban 10 mil sacos de papas al mes.
Eso hasta hace 15 años cuando el desarrollo industrial demandó más del vital elemento. Y como bien escaso, comenzó a agotarse. Ello lo ha vivido en carne propia Gastón Villá Perretta, dueño de los terrenos y quien se ha cansado de tocar puertas alertando de la situación. Hoy luce cabizbajo, pero no resignado. "Se ha hecho un daño tremendo, pero aún es tiempo de revertir la situación", aseveró el empresario.
Antecedentes y argumentos tiene de sobra, por ello acusa una "sobreexplotación" del recurso, lo que ha llevado, por ejemplo, a disminuir en un 60% la capacidad hídrica de la laguna Adelaida, cuya cualidad de humedal permite el descanso y reposición de cientos de miles de aves cada año. "Se dieron más derechos de los que soportaba el acuífero", dijo.
Por ello encargó informes técnicos, remitiendo cartas a la DGA y solicitado entrevistas con el intendente Ricardo Cifuentes. Pero nada. Por ello observa impotente la defensa del acuífero El Culebrón, mientras que el Lagunillas ya luce seco.
DATOS QUE AVALAN.
Hace diez años la familia Villá Perretta encargó un estudio al agrónomo Federico Marín Amenábar, cuyas definiciones fueron concluyentes. La idea era verificar si la proporción de derechos de aprovechamiento de agua de riego inscritos eran consecuentes con los niveles de los caudales de la quebrada Lagunillas, una de sus afluentes.
Tras recabar los antecedentes, el profesional -quien hoy se desempeña como director de la Sociedad Agrícola del Norte- estableció que "la disminución del caudal de la quebrada Lagunillas tiene efectos desastrosos para la Sociedad Agrícola Lagunillas S.A., pues no cuenta con los derechos de agua de riego que la respalden", aseveró.
"Se nos ha causado un perjuicio tremendo, pero peor aún para la comunidad y para la región, pues se perdió un espacio que es único en el planeta", lamentó Villá.
Vertientes, sólo un recuerdo
Era una de los secretos mejor guardados de los hoy adultos jóvenes que de niños veraneaban en el balneario de Morrillos. Y es que internarse 50 kilómetros hacia el este era una travesía que pocos conocían y muchos menos disfrutaban. Se trataba del sector de la Vertiente Lagunillas, un oasis den t ro de extensos predios de plantaciones agrícolas. Paul Villa, hijo de don Gastón, era uno de los que frecuentaba el sector junto a sus amigos y se bañaba en las cálidas aguas naturales que descendían de los cerros ."No puedo creer en el nivel que está (,,,) Esta seco, ya no hay nada", asegura compungido. Y tiene razón, ya que el otrora afluente llegó a tener una al-tu ra de 5 metros, no obstante, en la actualidad son sólo piedras y peñascos los que adornan un paisaje desértico que cambió los verdes por los amarillos desérticos. Las razones: Su recarga era de sólo 213 litros por segundo, pero en los últimos años esa cantidad ha sido quin tu plicada por la extracción de más de 1.000 lit/seg.
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