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Fuente: La Nación Domingo. 22 de marzo de 2009
En el Día Mundial del Agua: Agüita bendita que caes del cielo
Es una total ceguera política y social permitir que, en medio de esta realidad marcada por la creciente escasez hídrica mundial, el dominio de nuestros ríos esté en manos de empresas extranjeras, que no tienen apego a nuestro territorio y patrimonio.

Por Juan Pablo Orrego, Presidente Ecosistemas / Publicado en La Nación Domingo el 22 de marzo de 2009 (Día Mundial del Agua)

Casi dos tercios de nuestro cuerpo es agua. Nuestro plasma sanguíneo es 90% agua. Tres cuartas partes de la superficie terrestre se encuentra cubierta de agua. Toda la biosfera, incluida la humanidad, es fundamentalmente agua, y, por lo tanto, la necesita en abundancia para seguir existiendo. A pesar de todo esto, a nivel de la humanidad, nuestro amor y sabiduría respecto del agua son escasos, y, en consecuencia, hoy este vital recurso parece estar acabándose. Lo curioso es que el problema no es de escasez real, es decir, no es que las aguas estén desapareciendo, esto no puede suceder dada las características de sistema cerrado de nuestro planeta, sino que somos los seres humanos quienes estamos inutilizándola, por la contaminación, y de innumerables formas estamos haciéndola inaccesible, tanto para muchos ecosistemas y especies, como para nosotros mismos. Una paradoja. Así, por ejemplo, ocurre con el impacto en los recursos hídricos del calentamiento global, que la humanidad está provocando: aumento de la temperatura mundial, derretimiento acelerado de los polos, de los glaciares, la intensa alteración de los ciclos hidrológicos, por mencionar algunos. Una reciente investigación realizada por la Dirección General de Aguas sobre el estado de los glaciares chilenos demostró que el 92% está en rápido retroceso. El glaciar Echaurren que abastece a la Región Metropolitana, podría desaparecer en el próximo medio siglo. No le hemos tomado el peso al hecho que si un glaciar desaparece lo hace para siempre, al menos en términos de esta era. En Chile estamos lejos de haber comenzado a implementar las medidas adecuadas para enfrentar esta situación. Hay avances pero demasiado lentos, que no están a la altura de la crisis hídrica/ecológica del planeta. Es primordial poner en acción una intensa política de restauración de nuestros bosques nativos, ya que éstos son un órgano fundamental de los ciclos hidrológicos. Nuestra sociedad debe comprender urgentemente que el país necesita un plan de ordenamiento territorial a nivel nacional, íntimamente relacionado con un plan integral de manejo de cuencas hidrográficas que garantice la restauración, protección y conservación de éstas, así como de los ecosistemas fluviales y de los recursos hídricos. Hasta hoy en Chile hemos despedazado nuestros ríos, empezando con sus cauces, con la explotación descontrolada de áridos, como si los ecosistemas ribereños o riparianos no fuesen parte fundamental de los ecosistemas fluviales; construyendo indiscriminadamente sobre los humedales, con la misma falta de sabiduría ecológica; construyendo embalses de riego o hidroeléctricos, diseñados con nulas consideraciones ecológicas, con consecuencias tales como que todas las especies de agua dulce de nuestro territorio están en peligro de extinción; hemos encementado cuencas enteras, tal como la otrora extraordinaria cuenca de Santiago (Maipo-Mapocho), destruyendo de esta forma masivamente suelos fértiles de calidad excepcional, acelerando además el paso de las aguas por el territorio, impidiendo de esta forma, tanto el reabastecimiento de los cuerpos de agua superficiales, como su reabsorción a través de los suelos para reabastecer las napas freáticas, las reservas de aguas subterráneas. Finalmente, hemos contaminado ciegamente las aguas con los innumerables elementos tóxicos o eutroficantes, que descargan diversas industrias sin suficiente control. La contaminación difusa o no-puntual de las aguas por parte de la agroindustria sigue siendo un tema tabú en Chile, y nadie hace un análisis exhaustivo sistémico sobre esta situación, y la relaciona con las altísimas tasas de ciertos tipos de enfermedades graves que asolan a la población en nuestro país.

Es muy relevante aclarar que actualmente gigantes corporativos trasnacionales europeos, tales como Endesa, de España, y Enel, de Italia, monopolizan los derechos de agua no-consuntivos de Chile, producto de normativas heredadas de la dictadura (empezando por la Constitución de 1980 y el Código de Aguas de 1981, cuyas respectivas modificaciones no cambiaron este status quo). En la práctica estos derechos, sumados a las desmedidas potestades que le otorga la ley eléctrica de 1982 a las empresas eléctricas privadas, le otorgan a estas empresas, mayormente extranjeras, el dominio de nuestros ríos, y les entregan un tremendo poder para ocupar cuencas enteras con mega proyectos hidroeléctricos. ¡De ciencia ficción!

Brevemente, esta historia es así: en 1989, personas íntimamente ligadas al régimen militar privatizaron el consorcio ENERSIS, que controlaba cerca del 90% del mercado energético chileno en los años ’90, y que aglomeraba bajo un sólo paraguas corporativo a ENDESA (generación), TRANSELEC (transmisión) y CHILECTRA (distribución). El todo fue comprado a un precio vil, con un costo, o pérdida, para el país, según Contraloría, de USD 1.000 millones de la época. Más chocante aún, junto con esta privatización todos los derechos de agua, registrados por ENDESA CHILE hasta 1989, siendo estatal, fueron traspasados a manos privadas chilenas sin costo alguno, así como toda la información hidrológica nacional recabada por ENDESA. En 1997, los mismos ejecutivos vendieron el consorcio Enersis completo a ENDESA España. Este año, 2009, el gigante corporativo italiano, ENEL, 30% propiedad del estado italiano, compró ENDESA España. Es así como hoy el 80% de los derechos de aguas no consuntivos en Chile y el 96% de la Región de Aysén, la región más rica en recursos hídricos de Chile, están en manos italianas. Sin costo.

Es importante decir que desde el retorno a nuestra muy imperfecta democracia, en 1990, la voluntad política para revertir este estado de las cosas también ha escaseado. ¡Una papa demasiado caliente! ¡Costos políticos demasiado elevados! Leyes de amarre… A pesar de que nosotros empezamos a plantear la idea de la necesidad de recuperar las aguas de Chile para los chilenos desde la campaña de defensa del Biobío, a mediados de los años ’90, recién este año comienzan a escucharse voces de Senadores y Diputados de la República respecto de la necesidad de ‘nacionalizar’ las aguas. Quizás más importante aún, la ciudadanía ya está haciendo suya esta idea tan obvia --el huevo de Colón-- como revolucionaria. La conciencia de la necesidad de que Chile recupere el control de sus aguas, ríos y cuencas está prendiendo como reguero de pólvora. Ya era hora.

Es vital entonces, en el Día Mundial del Agua (22 de marzo), hacer un llamado para que nuestra sociedad asuma la imperiosa necesidad de realizar profundos cambios estructurales de nuestro entramado legal, empezando por nuestra Constitución, cuya modificación en el 2005 fue claramente ‘cosmética’, y aún modificada no permite una gestión democrática, ni del país, ni de nuestros, así llamados ‘recursos’, empezando por los hídricos --demasiado vitales para ser enmascarados por este eufemismo de ‘recurso’--, percibidos como mina de oro por la empresas eléctricas que los detentan gracias a obscuras gestiones realizadas durante un período de dictadura, al margen de un genuino estado de derecho y sin un proceso democrático de por medio, y de la posterior falta de voluntad política, de conciencia ciudadana y... de cojones de los chilenos para revertir esta inaceptable situación.

Es una ceguera política total permitir, en medio de esta realidad marcada por la escasez hídrica mundial, que el dominio de nuestros últimos ríos libres y vivos están en manos de empresas extranjeras, que no le tienen apego a nuestro territorio y patrimonio, y a quienes sólo les interesa el mega-negocio hidroeléctrico y amasar fortunas usando un bien mal habido, sin importar el costo en vida, en todas sus múltiples dimensiones. Y esto, desgraciadamente, en gran medida vale para casi todos los otros sectores ‘productivos’ de la economía chilena. Debemos tomar conciencia ¡urgente!, activarnos y promover la modificación de todo lo que tiene que ser modificado para que nuestro país enmiende el rumbo hacia la real sustentabilidad social, ambiental, económica, cultural, espiritual… para que los chilenos sientan que este país tiene sentido y futuro, y no se profundice la decadencia y la violencia que nos rodea en forma cotidiana. A nivel personal, bendecir todos los días nuestra agüita bendita que cae del cielo, que baja de las montañas, que brota del suelo, que fluye por nuestros ríos que van a dar a la mar… puede ser un buen comienzo.

Puede comentar esta columna al autor en: comunicaciones@ecosistemas.cl

Link a la publicación aparecida en La Nación Domingo: http://www.lanacion.cl/prontus_noticias_v2/site/artic/20090321/pags/20090321183249.html




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