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Por Juan Pablo Orrego S, Director de Ecosistemas
En efecto, éstas retrotraen la discusión sobre el tema en varias décadas, haciendo caso omiso, entre otros, del informe de la Comisión Mundial de Represas, en la que participó el propio Banco Mundial, que concluyó que argumentos tales como que la hidroelectricidad es "limpia" y "barata" niegan evidencias empíricas y carecen de fundamentos técnicos.
Además, es cuestionable la autoridad moral del Banco Mundial en el tema, pues ha sido criticado por incontables expertos por su acercamiento estrecho, reduccionista y economicista a la gestión de los recursos hídricos en general y por su rol de promover el negocio de la construcción de grandes centrales hidroeléctricas.
Dadas las características de nuestro país -ríos cortos, cuencas pequeñas, frágiles, de alto valor cultural y ambiental-, y dada nuestra excepcional riqueza en fuentes renovables de energía y el potencial de la eficiencia energética, la peor solución es la megahidroelectricidad. No es necesario intervenir industrialmente una reserva de vida cuando podemos recurrir a un desarrollo energético innovador. Este debe ser el aporte de Chile al cambio climático.
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