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Porque entendemos claramente que la posesión de cuantiosos derechos de agua no consuntivos en los ríos Patagónicos, que le otorgan en la práctica a Endesa la propiedad de éstos, registrados en los primeros meses del Gobierno de Aylwin sin que nadie se percatase, constituye una tentación irresistible para estas corporaciones. Con estos derechos, Endesa podría abusar del agua, los ríos y las cuencas de la Patagonia chilena gratuitamente. Gracias al reduccionismo instalado en la ley ambiental, en términos de la determinación del área de influencia de proyectos como Hidroaysén, los únicos costos adicionales a los de construcción que tendrían que pagar las empresas serían las indemnizaciones a las familias ubicadas dentro de las áreas de inundación, algo irrisorio para ellas. En estas condiciones, claro que el negocio privado es redondo, y se entiende que Endesa y Colbún se aferren a él.
Por otro lado, si sorprende la testarudez empresarial porque pocas veces en Chile se ha visto un proyecto más riesgoso además de destructivo. La zona austral de Chile es un territorio geológicamente joven, sísmico, volcánico, proclive a fenómenos naturales extremos. La probabilidad de percances en las centrales y de cortes de la línea de transmisión planteada es elevadísima. Cuesta visualizar el descalabro que causaría la pérdida súbita y por tiempo indefinido de 2.750 MW de potencia en el SIC. La codicia ciega.
Por Juan Pablo Orrego.
La Codicia Ciega |