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El agua forma parte de todos los ecosistemas vivos. Está presente en los bosques, en los valles, en la cordillera, incluso en el desierto y en general en todos los lugares de asentamiento humano, constituyéndose en uno de los elementos vitales para el ser humano. El agua es un componente natural único y escaso que mal o indiscriminadamente usado puede generar su contaminación y consiguientemente un deterioro de los demás componentes de la naturaleza, desequilibrio ecológico y pérdida irremediable de los ecosistemas.
Los procesos revolucionarios en lo industrial que han vivido la historia de la humanidad fundamentalmente en los dos últimos siglos han generado un fuerte impacto en el recurso hídrico. Las ciudades y la población históricamente asentadas en las riberas de ríos han crecido explosivamente en las últimas 2 centurias, fenómeno que junto a otros asociados, han provocado ciertamente el deterioro de las masas de agua y su medio ambiente.
Chile no ha escapado a este fenómeno mundial; de hecho entre sus problemas ambientales uno de los primeros en manifestarse es precisamente el de la contaminación hídrica ya a comienzos del siglo XX, a raíz de la actividad minera del cobre desarrollada en la actual mina El Teniente y que generó, a esa época, una brutal contaminación en el río Cachapoal que dio origen en 1916 a la ley 3.133 sobre control de Residuos Industriales líquidos (RILES) una de las primeras leyes ambientales de Chile.
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