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Parece que estamos a las puertas de una crisis energética: el gas barato de Argentina se está acabando, el petróleo sube de precio y, según las proyecciones, así como Chile crece, lo mismo pasará con la demanda energética. Se instaló el debate sobre cuál es la manera de salir de esta crisis. Los ciudadanos comunes y corrientes somos testigos de la discusión, pero también del falso dilema sobre cómo solucionarla. Personeros de Gobierno y parlamentarios no parecen tener los pies sobre la tierra o, al menos, sobre la del país. Se dedican a hablar de una aparente encrucijada: si son mejores las grandes represas que la española Endesa quiere construir en Aysén -y todo el sistema de transmisión eléctrica asociado a éstas, a lo largo de 2 mil kilómetros- o si hay que inclinarse por la energía nuclear.
Tal vez sea por ignorancia, pero ellos deberían saber que esa discusión no conduce a nada; está fuera de contexto y resulta extemporánea ante el actual problema. La argumentación es simple. Primero: Chile afrontará una crisis energética, no eléctrica; tanto la energía nuclear como las obras en Aysén serían para generación eléctrica. Aunque pudieran instalarse cuanto antes, es factible que la encrucijada persistiera en el transporte y otros procesos que requieren combustible, no electricidad.
Segundo, la posible crisis energética nacional está proyectada para 2008 y 2009; es a ella a la que se deben hallar soluciones y no pensar que grandes emprendimientos eléctricos la solucionarán. Ya sea que nuestros políticos se decidan por las represas o una central nuclear en el norte, ambas no podrían funcionar en ningún caso antes de 2018. Eso, sin estimar si son rentables para los inversionistas, si generarán conflictos regionales, nacionales o internacionales que los retrasen.
Tercero, la crisis que se anuncia está predicha según un crecimiento económico y energético basado en las proyecciones elaboradas por las empresas interesadas en la materia. Se habla entonces de un crecimiento que no contempla la implementación de políticas para reducir el consumo industrial y domiciliario, ni políticas de eficiencia energética y menos considerando criterios y políticas de conservación energética. Se pretende que Chile siga ocupando energía a la misma o mayor tasa que hoy, mientras los países desarrollados, con los que nos gusta compararnos, ya aplican políticas de reducción de su consumo.
Estamos en un país donde los encargados de orientar a la ciudadanía, crear políticas públicas y hacer cumplir el programa de Gobierno se salen de su rol y empiezan a hablar fuera de contexto. No debemos olvidar que el programa de Michelle Bachelet incluye una estrategia de priorización de cuencas, un plan de seguridad energética de largo plazo, un programa nacional de uso eficiente de energía y el compromiso de no incluir la nuclear en esta política nacional.
Es hora de tomar las cosas en serio y no repetir el escenario de hace 10 años, cuando se prometió que el gas natural argentino solucionaría los problemas por tres décadas y las hidroeléctricas del Biobío serían la otra respuesta para nuestras demandas. Los expertos dicen que la proyección de crecimiento de Chile es a una tasa promedio de 6% anual; eso no significa que tiene que crecer al mismo nivel el consumo energético. Por qué nuestros políticos no se toman en serio el tema y en vez de crear un falso dilema sobre la energía nuclear o las centrales hidroeléctricas, no ven cómo solucionar el asunto hoy, cómo disminuir la demanda, cómo aplicar criterios de conservación y eficiencia, cómo incorporar energías renovables, cómo hacer que el uso de leña, que hoy ocupa 17% de la matriz energética, se haga sustentable y eficiente.
Pero parece que eso no interesa. Sólo preocupa la polémica, aparecer en los medios apoyando la opción nuclear para generar debate, que haya detractores y defensores de su uso. Es irresponsable no presentar a la ciudadanía las otras alternativas.
Pareciera que algunos se conducen en favor de las mismas instituciones que quieren instalar sus grandes proyectos en Chile. Es necesario solucionar los problemas energéticos del país en orden de prioridad: primero asegurar que la demanda estará cubierta los próximos años, para lo que es clave diversificar la matriz usando energías renovables, incluida la biomasa. En paralelo, abordar un plan de seguridad de largo plazo como propone el programa de Gobierno de Bachelet. Las cosas se deben hacer en serio.
Flavia Liberona, energía, eficiencia energética, crisis energética |