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Para asumir este reto se precisan cambios radicales en nuestras escalas de valores, en nuestra concepción de la naturaleza, en nuestros principios éticos, y en nuestros estilos de vida; es decir, existe la necesidad de un cambio cultural que se reconoce como la Nueva Cultura del Agua. Una Nueva Cultura que debe asumir una visión holística y reconocer las múltiples dimensiones de valores éticos, medioambientales, sociales, económicos, políticos, y emocionales integrados en los ecosistemas acuáticos. Tomando como base el principio universal del respeto a la vida, los ríos, los lagos, las fuentes, los humedales y los acuíferos deben ser considerados como Patrimonio de la Biosfera y deben ser gestionados por las comunidades y las instituciones públicas para garantizar una gestión equitativa y sostenible.
En el siglo XX, el principio de dominio de la naturaleza ha llevado a enfoques productivistas en la gestión del agua. Las estrategias predominantes de oferta, basadas en grandes obras hidráulicas bajo subvención pública, nos han abocado a un uso irreflexivo de los recursos, mientras que la visión individualista en la gestión de las aguas subterráneas nos ha llevado a una falta de racionalidad colectiva. Estos enfoques productivistas han entrado en crisis debido a:
- La quiebra del ciclo del agua y la degradación de los sistemas acuáticos como resultado de las grandes infraestructuras hidráulicas, la derivación de caudales, la contaminación del agua, y la desecación de los humedales;
- La explotación excesiva y la degradación de los acuíferos subterráneos;
- El empeoramiento de la calidad del agua (especialmente por contaminación difusa) con un impacto devastador en la salud pública, particularmente en los países en desarrollo y las comunidades pobres del mundo;
- Conflictos sociales derivados de la falta de acceso a aguas salubres y servicios básicos de saneamiento, así como al desplazamiento masivo de poblaciones por grandes obras hidráulicas;
- Problemas de ineficiencia e irracionalidad económica derivados de las estrategias de oferta
- Una crisis de gobernabilidad debida a:
- la falta de consenso en relación a los principios y a valores éticos en los que debe basarse el diseño e implementación de las políticas de aguas.
- La indefensión ciudadana por debilidad de los sistemas democráticos en lo que se refiere a la participación ciudadana tanto en el diseño, como en el desarrollo y seguimiento de estas políticas.
Agua, campaña nueva cultura del agua |